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Cada organización es un mundo. En un contexto cada vez más complejo, es vital conocer en detalle algunos parámetros fundamentales que hacen que las empresas funcionen, es decir, que perduren en el tiempo y que (por supuesto) sean rentables y competitivas. El futuro de cada una de ellas dependerá, en gran medida, de la estrategia que adopte. En particular, existen tres conceptos de suma importancia que se deben tener en cuenta al analizar el desempeño de una organización: la calidad, la productividad y los costos. Antes de definir a qué nos referimos con cada concepto, la respuesta fácil aparece casi por sentido común: toda empresa busca brindar productos de calidad, con alta productividad y con bajos costos. Pero, ¿es esto posible?. ¿Existe alguna incompatibilidad entre ellos?
Es habitual que supongamos que aumentar los valores de productividad, empeora la calidad promedio con un incremento del porcentaje de productos no conformes. También podemos suponer que mejorar la calidad, con la minimización de productos no conformes y desperdicios, implica reducir la productividad ya que, por ejemplo, la inspección y los controles aumentan. ¿Y los costos? ¿La calidad no cuesta?. Cualquier mejora que tenga que ver con aspectos de la calidad tiene un costo asociado, pero (como veremos más adelante) produce un beneficio que cubre con creces el dinero invertido. Siempre termina saliendo más caro no hacer las cosas de la manera correcta. Según Crosby (1987):

«La calidad no cuesta. No es un regalo, pero es gratuita. Lo que cuesta dinero son las cosas que no tienen calidad, todas las acciones que resultan de no hacer bien las cosas a la primera vez.» 

Los tres conceptos son críticos para toda organización, y no podemos descuidar ninguno de ellos porque estaremos condenados seguramente al fracaso. Como veremos, la calidad, la productividad y los costos de cualquier actividad son completamente interdependientes. La pregunta principal que debemos hacernos es: ¿por dónde comenzamos?. ¿Aumentamos la productividad, tratamos de reducir costos o buscamos mejorar los índices de calidad? Definamos brevemente a qué nos referimos con cada uno de los términos. A grandes rasgos:
  • Calidad significa entregar productos (servicios) que satisfagan las expectativas del cliente, que cumplan con las especificaciones y, en lo posible, las supere.
  • Productividad, siendo muy sintéticos, es la capacidad que tiene una organización, un proceso o una máquina en particular para producir. Se lo suele medir a través de indicadores. Generalmente, se tienen en cuenta aspectos como por ejemplo la cantidad de productos fabricados en un período de tiempo. También se suele tener en cuenta cuánta mano de obra se precisó, lo cual nos da una noción de la efectividad y la eficiencia de los procesos. Si bien están relacionados con el concepto de productividad, la eficiencia y la efectividad, así como la eficacia, son términos que por sí solos significan mucho y deben ser analizados para interpretar el desempeño de los procesos. Según Peter Drucker, referente indiscutido del management, la eficacia es «hacer las cosas correctas» (lo que se debe hacer), la eficiencia es «hacer bien las cosas» (buscando obtener los mejores resultados con los mínimos recursos) y la efectividad es una combinación de ambas: «hacer bien las cosas correctas», es decir, hacer lo que se debe y de la manera adecuada.
  • Costos (o costes) son todos esos desembolsos de dinero que están relacionados con la actividad que se está realizando. Por ejemplo, los costos de producción, los costos de mano de obra o los costos financieros. Debemos diferenciar los costos de los gastos y las inversiones.

 

¿Cómo se interrelacionan?
Durante décadas, cubriendo la segunda mitad del siglo XX, la visión de las organizaciones occidentales se basaba en una incompatibilidad entre calidad y productividad. Deming (1986) planteaba que los gerentes en Estados Unidos pensaban que las empresas podían perseguir una de ellas, pero no ambas. Llevar la productividad a valores altos iría en detrimento de la calidad, aumentarían los desperdicios, los reprocesos, los productos no conformes. Si, en cambio, se buscaba mejorar la calidad, la productividad se vería disminuida ya que se estaría reduciendo la fluidez con las que se realizan las operaciones. Nada más errado. Si aumentamos la calidad, se realizarán menos reprocesos y tendremos menos desperdicios. La productividad, inevitablemente, mejorará.
Bajo el mismo criterio que el anterior, un aumento en la calidad reducirá los costos. Minimizar reprocesos es reducir desperdicios: tiempos innecesarios, mano de obra innecesaria, materia prima adicional, demoras en entrega, etc. De todas maneras, una reducción sustancial de los costos no sólo debe provenir de una mejora en cuestiones de calidad, sino que debe existir una política agresiva de reducción de costos (siempre y cuando no afecte negativamente a la calidad).
Por otro lado, aumentar la productividad minimiza los costos, ya que se aprovechan mejor los recursos (materia prima, tiempos, mano de obra).
Como vimos, cada organización puede tomar distintos caminos, pero sólo uno lo conducirá al lugar correcto. Algunos casos:
  • Si buscamos aumentar la productividad, descuidando la calidad, podremos reducir temporariamente los costos pero los problemas de calidad serán tan altos que corremos el riesgo de dejar de ser rentables y competitivos.
  • Si reducimos la productividad, los costos aumentarán y no necesariamente mejoremos la calidad si no hay una estrategia en ese sentido.
  • Si mantenemos una baja productividad, pero con alta calidad, los costos se elevarán demasiado.

 

El mejor camino, siempre, es buscar la mejora en la calidad. Mejorar la calidad, aumenta la productividad y reduce los costos. Tan simple como eso. Es una reacción en cadena, tal como lo define Deming:

«Para el operario, la calidad significa que su actuación le satisface, le hace estar orgulloso de su trabajo. Al mejorar la calidad, se transfieren las horas-hombre y las horas-máquina malgastadas a la fabricación de producto bueno y a dar un servicio mejor. El resultado es una reacción en cadena —se reducen los costes, se es más competitivo, la gente está más contenta con su trabajo, hay trabajo, y más trabajo.»

Cabe destacar que toda mejora en la calidad es posible con la intervención y el compromiso por parte de la Alta Dirección. Si no es así, no funcionará. No hay mucho más para agregar en este sentido. Cualquier intento de mejora fracasará si la Dirección no está involucrada activamente, si no está convencida de lo que está haciendo.
[:en]Every organization is a world. In an increasingly complex context, it is vital to know in detail some fundamental parameters that make companies work, that is, that they last over time and that (of course) are profitable and competitive. The future of each of them will depend, to a large extent, on the strategy adopted. In particular, there are three very important concepts that must be taken into account when analyzing the performance of an organization: quality, productivity and costs. Before defining what we mean by each concept, the easy answer appears almost by common sense: every company seeks to provide quality products with high productivity and low costs. But is this possible? Is there any incompatibility between them?

It is usual to suppose that increasing productivity values ​​worsens average quality with an increase in the percentage of non-conforming products. We can also assume that improving quality, with the minimization of non-conforming products and waste, implies reducing productivity since, for example, inspection and controls increase. And the costs? Does not the quality cost? Any improvement that has to do with aspects of quality has an associated cost, but (as we will see later) produces a benefit that more than covers the money invested. It always ends up being more expensive not doing things the right way. According to Crosby (1987):
«Quality does not cost. It is not a gift, but it is free. What costs money are the things that do not have quality, all the actions that result from not doing things right the first time. »
The three concepts are critical for any organization, and we can not neglect any of them because we will surely be doomed to failure. As we will see, the quality, productivity and costs of any activity are completely interdependent. The main question we must ask ourselves is: where do we start? Do we increase productivity, try to reduce costs or seek to improve quality indexes? Let’s briefly define what we mean by each of the terms. Roughly:
Quality means delivering products (services) that meet customer expectations, that meet specifications and, if possible, exceed them.
Productivity, being very synthetic, is the capacity that an organization, a process or a particular machine has to produce. It is usually measured through indicators. Generally, aspects such as the number of products manufactured in a period of time are taken into account. It is also usually taken into account how much labor was required, which gives us a sense of the effectiveness and efficiency of the processes. Although they are related to the concept of productivity, efficiency and effectiveness, as well as effectiveness, are terms that alone mean a lot and must be analyzed to interpret the performance of the processes. According to Peter Drucker, undisputed reference of management, efficiency is «doing the right things» (what should be done), efficiency is «doing things right» (seeking the best results with the least resources) and effectiveness is a combination of both: «doing the right things well», that is, doing what is due and in the right way.
Costs (or costs) are all those money disbursements that are related to the activity that is being carried out. For example, production costs, labor costs or financial costs. We must differentiate the costs of expenditures and investments.

 

How are they interrelated?

For decades, covering the second half of the 20th century, the vision of western organizations was based on an incompatibility between quality and productivity. Deming (1986) suggested that managers in the United States thought that companies could pursue one of them, but not both. Bringing productivity to high values ​​would be to the detriment of quality, would increase waste, reprocessing, non-conforming products. If, on the other hand, the aim was to improve quality, productivity would be reduced since the fluidity with which operations are carried out would be reduced. Nothing more wrong. If we increase the quality, less reprocessing will be done and we will have less waste. Productivity will inevitably improve.

Under the same criteria as the previous one, an increase in quality will reduce costs. Minimize reprocessing is reduce waste: unnecessary time, unnecessary labor, additional raw material, delays in delivery, etc. Anyway, a substantial reduction in costs should not only come from an improvement in quality issues, but there should be an aggressive cost reduction policy (as long as it does not negatively affect quality).

On the other hand, increasing productivity minimizes costs, since that resources are better used (raw material, time, labor). As we saw, each organization can take different paths, but only one will lead to the right place. Some cases: If we seek to increase productivity, neglecting quality, we can temporarily reduce costs but quality problems will be so high that we run the risk of becoming profitable and competitive.

If we reduce productivity, costs will increase and we will not necessarily improve the quality if there is not a strategy in that sense. If we maintain low productivity, but with high quality, the costs will rise too. The best way, always, is to seek improvement in quality. Improve quality, increase productivity and reduce costs. As simple as that.

It is a chain reaction, as Deming defines it: «For the operator, quality means that his performance satisfies him, makes him proud of his work. By improving the quality, man-hours and waste-machine hours are transferred to the production of good products and to a better service. The result is a chain reaction-costs are reduced, people are more competitive, people are more happy with their work, there is work, and more work. «It should be noted that any improvement in quality is possible with the intervention and commitment on the part of Senior Management.

If not, it will not work. There is not much more to add in this regard. Any attempt to improve will fail if the Directorate is not actively involved, if it is not convinced of what it is doing.[:]

[:es]ORGANIZACIONES FUTURAS EN LAS EMPRESAS[:en]FUTURE ORGANIZATIONS[:]

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