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Cada día experimentamos nuestra impotencia al afirmar el interés social contra el interés del capital financiero. Y cada día experimentamos la impotencia de la democracia frente a las imposiciones tecnofinancieras. De manera similar, no podemos parar la catástrofe ambiental porque todo el sistema de la vida económica se funda sobre automatismos técnicos que destrozan sistemáticamente los recursos naturales. Hemos trasladado la potencia del cerebro humano a la máquina, pero la máquina ha sido programada según un criterio antihumano: el criterio de la economía financiera. Hay un segundo nivel de la impotencia que me parece significativo a nivel global, pero sobre todo en el mundo blanco. Es el efecto del envejecimiento del género humano, de la prolongación de la edad media contemporánea y el desplome de las tasas de nacimiento. La impotencia senil masculina acompaña la pérdida de potencia política y produce una mezcla psicocultural que, por sí sola, puede explicar la ola de demencia nacionalista, supremacista, racista, y, al final, nihilista, que ha tomado el poder desde las Filipinas hasta la India, de Turquía a Polonia, a Italia, a Brasil, a Gran Bretaña, a Estados Unidos.

Por un lado creo que el humanismo está muerto, porque el futuro pertenece al automatismo cognitivo global y al caos inhumano del etnonacionalismo. Pero, por otro lado, pienso que solo desde el punto de vista del pensamiento humanista podemos entender por completo el proceso poshumano y antihumano que el capitalismo ha engendrado, y que solo desde ese punto de vista se puede fundar una ética autónoma, una ética que nos permita salvar el patrimonio del humanismo socialista. Solo el pensamiento humanista podría permitir la actualización de la posibilidad humana que sigue existiendo a pesar de la agresión inhumana.

Cuando imaginábamos la red en los años 80 y 90, nos parecía una tecnología de liberación. Solo al final de los años 90, los efectos psicóticos vinculados a la mutación digital empezaron a emerger. Al final, internet ha predispuesto las condiciones técnicas para la construcción del automatismo cognitivo global, para la transformación de la mente social en un enjambre automático. La facultad conjuntiva, que se manifiesta en lo táctil, en el erotismo, en la sensibilidad, no desaparece, pero sufre de una contracción, de una aceleración patógena. Lo conjuntivo, subordinado a lo conectivo, se manifiesta esencialmente como sufrimiento psíquico.

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La falta de pensamiento crítico colectivo nos está haciendo esclavos de un destino no deseado

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