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Estamos ante un reto de transformación social y cambio en la gestión empresarial que va madurando. Cada año son más las empresas sensibilizadas que buscan unir la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) a su negocio principal, y que incluyen en su estrategia mejorar el entorno social en el que operan empezando con los actores más cercanos a ellos, sus clientes, sus empleados y el medio ambiente.

¿Por qué las organizaciones invierten en RSC? ¿Están realmente comprometidas? ¿Qué abarca la RSC? ¿Hablamos de rentabilidad o es un tema de imagen?

El próximo 8 de febrero, Alares organiza una jornada en la CEOE donde se dará respuesta a todas estas cuestiones que a menudo se plantean numerosos directores de marketing y recursos humanos. Durante la misma, Pablo Claver, Gestor de sueños, hará una exposición sobre como la felicidad es rentable para todos. Además contaremos con 3 casos prácticos de empresas que están aplicando la RSC en sus organizaciones donde nos hablarán de su experiencia.

Aunque son las políticas de las grandes corporaciones las que destacan a nivel mediático, las pequeñas y medianas empresas han empezado a buscar asesoramiento para subirse al carro de la gestión responsable, tras observar que las acciones de este tipo mejoran la rentabilidad de su negocio y garantizan su supervivencia

Aunque a simple vista parece un campo sólo apto para grandes multinacionales, lo cierto es que la gestión responsable cada vez es más común entre las pymes. “Más del 55% de las entidades que cuentan con un sistema de gestión de la RSE certificado según la norma SGE 21 son pymes”, asegura Ana Herrero, directora de Proyectos y Servicios en Forética. Además, en su opinión, hay muchas pequeñas empresas que están trabajando en el campo de la RSC sin saber que lo están haciendo.

Con el fin de despejar dudas, Herrero explica que hacer RSC implica una gestión responsable de los recursos humanos de la empresa, en términos de igualdad de oportunidades, trato no discriminatorio, mantenimiento de un buen clima laboral, atención a las necesidades o formación y desarrollo profesional.

Pero también ofrecer un servicio de calidad a los clientes, marcado por la honestidad, transparencia y confianza; promover una correcta gestión de los proveedores, seleccionando aquellos que están alineados con tus políticas corporativas, manteniendo compromisos y responsabilidades similares; comprometerse con la minimización de los impactos negativos sobre el entorno, tanto social como ambiental, y tratar de potenciar, a la vez, los positivos así como el mantenimiento de unos estándares éticos sólidos (buen gobierno, anticorrupción y transparencia) en las relaciones con otros agentes y en las operaciones del día a día.

“Teniendo esto en cuenta, ninguna empresa, independientemente del tamaño, se puede mantener ajena, ya que estamos hablando de una forma de gestionar y hacer empresa que garantiza la supervivencia”.

Una opinión que suscriben desde el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa en Pymes de Murcia. Su directora, Isabel Martínez Conesa, advierte que implantar procesos de RSC no es un gasto, sino una inversión, y recomienda a las pymes iniciar procesos de gestión responsable si quieren ser más competitivas.

“Hemos elaborado una fórmula en la que están presentes los trabajadores, el medio ambiente, la comunidad local… diseñamos un modelo, lo validamos y observamos que las empresas con mejor evaluación del nivel de responsabilidad eran también más rentables”, asegura.

¿En qué se puede destacar?

Dependiente de la Cátedra de RSC de la Universidad de Murcia y apoyado por varias empresas de la región, el Observatorio está asesorando a decenas de compañías que quieren empezar a desarrollar acciones propias en este campo.

“A veces las empresas piensan que les obligará a cambiar toda su estructura y no es así. Nosotros les ayudamos a definir una hoja de ruta para que el impacto en su día a día sea mínimo”, explica Martínez.

Según un informe presentado recientemente por esta entidad, las pymes rechazan determinadas acciones de RSC, como invertir en fondos de inversión éticos; llevar a cabo sistemas independientes de auditorías; elaborar un informe anual de gobierno corporativo y fomentar actividades para impulsar el comercio justo.

Por el contrario, ven factible: desarrollar programas de prevención de riesgos laborales; adoptar políticas no discriminatorias de contratación; impulsar la formación de los trabajadores; asumir responsabilidades sobre productos defectuosos; desarrollar programas de reciclaje; garantizar la veracidad de la publicidad; usar energías limpias y renovables; fomentar los foros de diálogo dentro de la empresa, o integrar mano de obra extranjera.

“Hay empresas pequeñas y medianas de sectores de las nuevas tecnologías que pueden lograr una diferenciación orientando sus innovaciones a resolver retos sociales o ambientales; o implantando nuevas formas de trabajo que promuevan, por ejemplo, la conciliación, como el teletrabajo”, enumera la responsable de Forética.

Curiosamente, entre las motivaciones que empujan a una pyme a implantar procesos de RSC las cuestiones éticas se quedan muy atrás. De hecho, las principales razones que impulsan a las empresas a desarrollar este tipo de iniciativas son la reputación,la fidelización de los clientes y el cumplimiento de la legislación.

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La RSC: Responsabilidad Social Corporativa: una oportunidad para crecer en las pymes

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