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Al decir “ese” seguro que ya tienes una imagen concreta. No, no es que tenga dotes adivinatorias, es que lo más seguro es que lleves un tiempo dándole vueltas la idea de que deberías dejar de trabajar con ese cliente, aunque puede que aún no seas del todo consciente. Y sí, para que quede claro: Yo también he pasado por esta situación.

Cada cliente es único, aunque se puede dividir en grupos

A lo largo de su vida laboral, todos que trabajamos por cuenta propia vivimos un montón de experiencias, unas más agradables que otras, y aprendemos mucho de nuestros aciertos, y muchísimo de nuestros errores. Una de las habilidades que todo freelancer adquiere es un sexto sentido para catalogar cliente, casi al vuelo.

La mayoría de clientes son “normales”, tendrán sus cosas buenas y sus cosas malas, sus virtudes, y sus defectos, pero la relación laboral entrará dentro de la norma. También habrá algunos buenos clientes y, con suerte (mucha). quizás en algún momento aparezca el “cliente ideal” – cerrar los ojos y pedir un deseo -.

En el otro lado de la balanza habrá experiencias menos agradables, o dicho de una forma mas positiva: experiencias que sirven para aprender, de algunas de ellas se sale escaldado rápidamente – Si yo te contará. Que te contaré…-. Pero no siempre es tan sencillo, ni tan rápido advertir las señales de peligro por las que deberías dejar de trabajar con ese cliente.

¡Ah! ¿Qué hay señales? Pues sí. Es más, si desde el principio pusiste nombre a “ese cliente” con el que deberías dejar de trabajar, seguro que, al menos, una te resulta familiar.

El nudo en el estómago que aparece cada vez que ves un email de un proyecto nuevo

¿Ya está aquí otra vez? Es el primer pensamiento que se pasa por tu cabeza cuando ves un nuevo email, u otro tipo de contacto, que anuncia la llegada de un proyecto inminente. Y es que habías estado tan a gusto todo este tiempo gestionando otros proyectos, y sin echar de menos el estrés y la tensión constante que sientes cuando gestionas un proyecto para esa empresa.

Pero no sabes decir que “no” así que te comprometes una vez más a desarrollar ese proyecto, jurándote que pondrás todos los medios para que la situación sea lo más llevadera posible.

La vena que se hincha con cada comunicado durante el proyecto

Y la intención de no estresarse es buena, como es bueno el desarrollo el proyecto, al menos en los primeros momentos. Hasta que llega el primer mensaje en el que hay una pequeña modificación, y luego llega un cambio que te obliga a rehacer parte del trabajo ya hecho, y luego llegan las explicaciones del presupuesto (que ya habían aceptado) y las protestas cuando indicas que un cambio supone un aumento en el precio.

Con mucho autocontrol, la tensión quedará dentro del tiempo y el espacio de trabajo, aunque trabajando en casa, reconozco que no siempre es fácil que mi entorno no se dé cuenta…

El miniinfarto que sientes cuando recibes un email después de haber enviado el proyecto

Pero un profesional cumple con su palabra y, en la fecha indicada, el proyecto vuela raudo por la red hasta el destinatario. Es un pequeño momento de paz y calma, aunque suele ser similar al que precede a una tormenta… Porque el mensaje de confirmación puede que llegue, o puede que no, pero si llega, más que traer tranquilidad a la cabeza, llegará con la pregunta: ¿Qué habrá pasado ahora?

Y es que antes de abrirlo ya sabes que el proyecto del que te despediste para siempre, ha vuelto porque hay algo que al cliente no le ha gustado. Pero lo lo que caracteriza estos feedbacks es que es:

  • Por mucho que buscas, no encuentras dónde está el error;
  • Solicita la explicación de algo ya explicado, reexplicado, y vuelto a explicar;
  • Se trata de algo que aumentaría el precio, y el cliente lo sabe;
  • O, mi favorita: intentaste optar por esa vía durante el desarrollo del proyecto, por activa y por pasiva explicaste sus ventajas, y el cliente la rechazó tajantemente…. ¡Y ahora la presenta como si fuera una idea superoriginal que se le acaba de ocurrir!

No voy a decir que la culpa siempre sea del cliente, yo también cometo errores o, simplemente, me viene bien un punto de vista diferente, pero en este no suele ser el caso. De hecho, estas situaciones siempre me han causado mucha inseguridad.

El bajón al comprobar que la factura siguen sin estar abonada

Más pronto, o más tarde, por fin se puede decir adiós al cliente, hasta la próxima o hasta que reconozcas que deberías dejar de trabajar con ese cliente y se lo comuniques, pero no es tan fácil, aun queda un tema pendiente: el económico.

Y es que algunos clientes tienden a olvidar que los trabajadores por cuenta propia tenemos gastos y necesidades y que: ¡Qué narices! Trabajamos más contentos cuando no tenemos que pensar en si nos llegará el dinero.

Pagar: pagarán. Al menos yo, nunca he tenido problemas de impago, pero la espera es desesperante… ¡Y la mejor forma de perder tiempo!

¿Que hacer con ese cliente?

Crees que mi consejo es que deberías dejar de trabajar con ese cliente, ¿No? Pues no. Yo tampoco tomé la decisión así de rápido, y no siempre es fácil, sobre todo, cuando no hay estabilidad, ni proyectos, ni muchos clientes.

Además, creo que ningún cliente es malo, mejor dicho, en la mayoría de casos no hay mala intención, se trata de una cuestión de falta de entendimiento entre las partes. Lo que sí es importante es valorar qué aporta ese cliente y, cuál es el precio que se está dispuesto a pagar.

Por ejemplo, para mí son líneas rojas los cliente que:

  • me crean inseguridades en el desarrollo de mi trabajo;
  • perjudican el desarrollo de otros proyectos;
  • solo, siempre, y repetidamente, se comunican para indicar errores.

En alguna ocasión estas situaciones me hicieron replantarme mi situación profesional, e incluso me hicieron pensar en abandonar porque dudaba de si era una profesional con las competencias y la experiencia necesarias, pero los proyectos de éxito hablan a mi favor.

Dejar de trabajar con ese cliente parece difícil, pero en mi caso, todas las ocasiones solo me han aportado beneficios, a nivel profesional y, sobre todo, personal.

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La ardua batalla perdida con los clientes que son un lastre

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